Batís Campillo

Batís Campillo y la Obsevación Vital del Cosmos

A lo largo de siglos y siglos de historia el ser humano ha sentido la sustancial necesidad de la mera reflexión sobre sí y sobre su entorno, como búsqueda de una fundamental conjunción del propio ser con el espacio, con el cosmos que le rodea.

Dicha introspección forma parte sin duda alguna de las “cuestiones universales” que la misma humanidad se plantea acerca de su existencia y su perpetuación o la posibilidad de sostenibilidad en un más allá indefinido.

Por supuesto, dicho cuestionamiento se nos muestra bien patente en la obra de la autora coruñesa Batís Campillo. La plasmación de una actitud, de una clara búsqueda de sentidos y revelaciones que den calma respuesta a todo un conjunto reflexivo, a todo un proceso fundamentado en la observación del entorno como si de un trabajo de laboratorio se tratara, como si de la experimentación se pudieran elaborar las claves base de la transmutación propia del concepto aplicado o desarrollado en la obra.

Todo ello como fruto de una clara ensoñación, como centro de escape y búsqueda del “camino”, aquella vía por la que la mera actividad vital nos dirige y que concatena nuestros pasos como ansia en la indagación de una armonía dinámica que ensamble nuestras expectativas, nuestros más recónditos deseos.

No sería posible un trabajo tan reseñable en cuanto a sobriedad, en cuanto a marcado estilo propio si en él no se constatara una seña de sustancial identidad. Sin duda alguna, esta seña la encontramos en la plasmación de lo que para ella es su símbolo amuleto, su imagen talismán, el “círculo”.

El círculo es principio y fin, vida y muerte, noche y día, es espacio y reflejo de sensibilidades, espejo del alma, representación formal de inquietudes y posturas ante la existencia, de talante social como esencial respuesta ante un mundo, incluso ante un universo envolvente, capturador de la sintonía en la que el propio ser deambula. El mismo se nos presenta como acaparador o pilar base de todo su proceso creador, como elemento no añadido sino transmutado desde la figura que la creadora representa, como elemento perteneciente al propio “yo”, como llave de su sentir como artista, como clave de su observación y postulación vital.

La fuerza de la obra no sólo se nos presenta en la energía que transmite y en la enseñanza de su espacio vital, sino en la certera asimilación de conceptos llevados a su máxima expresión mediante la mínima utilización representativa, alejándose del empleo de elementos influenciables de perpetuar todo un conjunto de características transmisoras de múltiples significados.

Para Batís el cosmos es vida y la vida tiene forma de estructura circular, tiene sentido de ida y vuelta, de búsqueda y captación reflexiva, de pletórica contemplación de lo que es digno de ser asimilado.

Francisco Arroyo Ceballos

Crítico Independiente / Director del CIALEC